Camilla pesaba menos de dos kilos cuando vino al mundo el mes pasado. El mismo peso que las bombas más pequeñas, casi el doble que las granadas de mano. Estas destruyen vidas, familias. La pequeña Camilla da a los que la conocen esperanza, la alegría de vivir. Vladislava tiene 17 años, la guerra y la maternidad ya están en su joven historial. Su hija nació prematuramente y, sin embargo, lo consiguió: tras dos semanas en el hospital, sobrevivió al largo viaje de su madre desde Sloviansk, en la provincia de Donetsk, en busca de un lugar más seguro. Relata Vladislava:
“Lo único que se oía eran las sirenas que no paraban de sonar y los disparos en la distancia, y luego también alcanzaron las vías del ferrocarril. Nuestra casa está justo al lado. Así que nosotros también decidimos abandonar nuestra ciudad, ahora habitada por los pocos que se han quedado”
Cuando se le pregunta si es difícil cuidar de Camilla sola, responde tranquilizadora: “No, estoy acostumbrada. Mi madre tiene cinco hijos y tuvo dos después de mí. Ella siempre trabajaba y nosotros cuidábamos de los pequeños”, explica Vladislava. “Aquí hay muchas personas buenas que nos ayuda mucho, se los agradezco mucho, son muy solidarias, incluso me regalaron un cochecito para Camilla”, subraya, casi asombrada.