Uruguay, eutanasia: Iglesia exhorta a apostar por una cultura del amor

“Afrontar el final de la vida: un aporte al debate público”: así se titula el documento publicado por la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) en el marco de la discusión por la legalización de la eutanasia y el suicidio médicamente asistido.

Como informa la Arquidiócesis de Montevideo, el texto se divide en tres partes y cuenta con un resumen conclusivo. Algunas fuentes que fueron consideradas para la redacción son la Carta Apostólica Salvifici doloris de Juan Pablo II sobre el sentido cristiano del sufrimiento (1984); la Encíclica Veritatis splendor (1993) y la Encíclica Evangelium vitae (1995). También acudieron al Catecismo de la Iglesia Católica y al documento que emitió en 2011 la Conferencia Episcopal Española: Declaración con motivo del proyecto de ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida.

El texto está dirigido “a todos los hombres de buena voluntad y a las comunidades cristianas”. Con este aporte, la CEU ha querido “hacer pública nuestra valoración sobre la eutanasia y el suicidio asistido, para contribuir al necesario y civilizado debate público sobre un tema tan relevante”. No obstante, remarcan que la Conferencia Episcopal Uruguaya siempre ha hecho oír su voz en defensa de la vida.

La cultura de la vida

En la primera parte, los Pastores del país latinoamericano expresan que “la vida de cada persona es bella, única, irrepetible e insustituible, también cuando es débil, sufriente o se encuentra al final de su tiempo en la tierra”.

La CEU es consciente de que “la vida del ser humano es limitada. Nacemos en la debilidad y en la debilidad terminamos nuestra vida. Y todo lo que hay en medio incluye también momentos y situaciones de debilidad que reclaman solidaridad. La vida incluye ineludiblemente, padecer diversos dolores y penas. Es iluminadora la descripción que se ha hecho del “dolor total”, con sus dimensiones física, psicológica, social y espiritual. La medicina y la psiquiatría tienen medios excelentes para paliar una parte de los sufrimientos que afligen al ser humano. Pero la pretensión de eliminar todo sufrimiento de la vida humana es imposible de alcanzar”.

Criterios para el debate social ante las nuevas propuestas

En la segunda sección, desarrollan que la eutanasia y el suicidio asistido son éticamente inaceptables y manifiestan que “jurídicamente, implica cambiar el valor absoluto de la vida humana y su carácter de derecho humano fundamental indisponible e irrenunciable, contra la Constitución y los Derechos Humanos”.

“La dignidad de la persona se fundamenta en el mismo hecho de ser persona, de ser parte de la humanidad. Decir que es “digna” es el mejor modo de expresar su valor absoluto, único e insustituible, que no se pierde en ninguna circunstancia, y tampoco por el hecho de sufrir. El imperativo ético “no matarás” tutela la verdad inscrita en lo más profundo de la conciencia humana desde sus inicios. La “muerte digna” entonces es aquella de un enfermo que se siente amado y es acompañado y aliviado en su sufrimiento físico, psíquico y espiritual, donde siente a pesar de su fragilidad y de estar cerca de la muerte, que su vida tiene sentido para él y para los demás”.

Una cultura del encuentro y del amor

Luego, se explayan en la verdadera compasión y el respeto a la dignidad de la persona; en la recta compasión, que no es obstinación terapéutica; en la necesidad de promover leyes que favorezcan el acceso universal a la medicina paliativa y a un sistema de cuidado; y a la Buena Noticia de Dios plenitud de vida y amor.

“La auténtica compasión es acoger al enfermo como persona que está atravesando una situación dura, transmitirle lo valiosa que es su vida, aunque el enfermo no lo pueda visualizar en el momento, sostenerlo en los momentos de dificultad, rodearlo de afecto y atención y poner los medios necesarios para aliviar el sufrimiento; se trata de suprimir el dolor, pero no de poner fin a la vida del paciente”.

Valoramos enormemente la forma de accionar de la medicina paliativa

En los ocho puntos conclusivos de la declaración, la CEU reafirma que “la dignidad de la persona se fundamenta en el mismo hecho de pertenecer a la especie ‘humana’”. “Necesitamos un Uruguay que acoja, promueva y acompañe a cada persona en toda su existencia, incluida la etapa final de su vida terrena, a través de la fundamental ayuda de la familia, la medicina paliativa y la genuina experiencia religiosa”, establecen los obispos.

Elogiando la medicina paliativa, recuerdan que “lo propio de ella es cuidar, aliviar y consolar, humanizando el proceso de la muerte de forma profesional, afectuosa y cercana”.

Para la Iglesia que peregrina en el Uruguay, “nuestra sociedad necesita apoyar las leyes que prevengan y desestimulen cualquier género de eutanasia y suicidio asistido”. Por el contrario, valoran las leyes que han permitido el acceso universal a programas de salud mental, a la medicina paliativa y al sistema nacional de cuidados, pero remarcan que aún es preciso desarrollar programas que faciliten su cumplimiento y la accesibilidad real a toda la población.

El proyecto en discusión

El 17 de marzo de 2020, el proyecto de ley sobre eutanasia y suicidio médicamente asistido, presentado por el diputado Ope Pasquet del Partido Colorado, entró en la Cámara de Representantes.

Desde la fecha, distintas instituciones han expresado sus visiones a favor o en contra del proyecto y el asunto sigue aún en discusión.

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