Un Papa entre los tiempos

“Yo no pertenezco más al viejo mundo, pero aquel nuevo en realidad aún no ha comenzado”: así hablaba de sí mismo el Papa Emérito, Benedicto XVI. Esta frase se encuentra en el libro “Últimos Discursos”. Un Papa entre los tiempos: así se había definido en aquella ocasión. Para añadir, luego, que sólo en retrospectiva es posible reconocer y evaluar los tiempos y los cambios de los tiempos.

En realidad, es la segunda parte de la frase que llama la atención: “El nuevo mundo en realidad aún no ha comenzado”. Es mérito de Joseph Ratzinger, teólogo, cardenal y Papa, no conformarse jamás con las definiciones que establecen que es lo “nuevo”. A lo largo de su vida buscó, investigó, preguntó; también como Papa, sus discursos y homilías se caracterizaron por esta búsqueda. Precisamente por esta razón generó fuertes enfrentamientos, y también y quizás, sobre todo, dentro de la misma Iglesia.

Una de las últimas homilías del Papa Benedicto XVI expresa este concepto de una manera maravillosa y definida: cuando habla de los Reyes Magos en la búsqueda del rey recién nacido. “Los hombres que entonces partieron hacia lo desconocido eran, en todo caso, hombres de corazón inquieto. Hombres impulsados por la búsqueda incesante de Dios y de la salvación del mundo. Hombres que esperaban, que no se conformaban con sus rentas seguras y quizás de su alta posición social. Buscaban la realidad más grande. Tal vez eran hombres doctos que tenían un gran conocimiento de los astros y probablemente disponían también de una formación filosófica. Pero no solo querían saber muchas cosas. Querían saber sobre todo lo que es esencial. Querían saber cómo se puede llegar a ser persona humana. Y por esto querían saber si Dios existía, dónde está y cómo es. Si Él se preocupa por nosotros y cómo podemos encontrarlo. No querían solamente saber. Querían reconocer la verdad sobre nosotros, y sobre Dios y el mundo. Su peregrinación exterior era expresión de su estar interiormente en camino, de la peregrinación interior de sus corazones. Eran hombres que buscaban a Dios y, en definitiva, estaban en camino hacia Él. Eran buscadores de Dios”. (Homilía, 6 de enero de 2013, Epifanía del Señor). Estas mismas palabras Joseph Ratzinger habría podido usarlas también para sí mismo.

Tomemos la cuestión del Concilio: su aplicación está lejos de ser completada y sería perjudicial no seguir investigando y, por lo tanto, encontrando. “Hermenéutica de la reforma”, “hermenéutica de la renovación en la continuidad” la había definido el Papa Benedicto, contraponiéndola a la “hermenéutica de la ruptura”.

Mucho de esto continuará teniéndonos ocupados: su inspiración en este sentido permanecerá con nosotros. Como teólogo, cardenal y Papa, había contribuido por su parte para que “lo nuevo” quedara todo por descubrir. A pesar de todos sus libros, sus discursos y sus contribuciones, siguió siendo un hombre inquieto hasta el final. En la homilía que acabamos de citar, pronunciada con ocasión del final de su pontificado, el Papa Emérito habla de la peregrinación interior de la fe que se expresa sustancialmente en la oración. Una oración que nos aleja de una falsa comodidad y que quiere comunicar la inquietud con respecto a Dios y la inquietud con respecto al prójimo. Hasta el final experimentó esta inquietud en la oración, retirado, pero no por esto menos firme.

Aquella frase sobre el viejo y el nuevo mundo, tomada del libro de los “Discursos”, es profética. Se presenta de manera inocente, como muchas de las cosas dichas por el Papa, sobre todo en sus textos espirituales y en sus homilías. Pero esta frase tiene una dinámica teológica y espiritual. Los tiempos cambian, no se pueden detener: ni reinventando lo “viejo” en versión “nueva” -como gustaría tanto a los tradicionalistas- ni en la invención de uno “nuevo” que no tenga en cuenta la tradición y la evolución.

Benedicto XVI, el Papa emérito, demostró que tenía una valoración muy equilibrada de sí mismo, cuando se situó en medio de las dos épocas, pero sin dejarse atar a una o a la otra. El cambio: esto es lo que él ha vivido y esto es en lo que se reconoce. ¿Es por esto que fue un Papa de la transición?

Exactamente por esto, no. Precisamente porque él fue la transición, sus huellas permanecerán más allá de su muerte. Las transiciones son importantes. Joseph Ratzinger representa a aquella Iglesia que, a partir del Concilio, ha emprendido de nuevo el camino. Joseph Ratzinger imprimió su sello a la transición eclesial, pero sobre todo la transición papal. La Iglesia podrá alimentarse durante mucho tiempo todavía de su ejemplo, de sus palabras, de sus escritos. Estaba entre los tiempos, pero se quedará con nosotros.

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