Los Reyes Magos recibieron tres dones: la llamada, el discernimiento y la sorpresa

“Hoy, solemnidad de la Epifanía, el Evangelio nos habla de los Magos que, al llegar a Belén, abren sus cofres y ofrecen a Jesús oro, incienso y mirra (cf. Mt 2,11). Estos sabios de Oriente son famosos por los regalos que trajeron; pensando en su historia, podríamos decir que, ante todo, reciben tres dones: tres preciosos dones que también nos conciernen a nosotros”.

La llamada, porque Dios nos llama a través de nuestros más grandes deseos y aspiraciones; el discernimiento, porque es importante saber ver la diferencia entre la meta de la vida y las tentaciones del camino.  El discernimiento es un gran don, dijo, y nunca hay que cansarse de pedirlo en la oración.

La llamada

El Papa dijo en su alocución que los Magos no intuyeron la llamada  leyendo las Escrituras o a través de una visión de ángeles, sino estudiando las estrellas.

“Esto nos dice algo importante: Dios nos llama a través de nuestros más grandes deseos y aspiraciones. Los Magos se dejaron asombrar e incomodar por la novedad de la estrella y se pusieron en camino hacia lo que no conocían”.

Como hombres sabios y cultos, dijo el Papa, les “fascinaba más lo que no sabían que lo que sabían. Se sintieron llamados a ir más allá”. Cada uno de nosotros, por tanto, dijo, estamos llamados a no contentarnos, a buscar al Señor saliendo de nuestra comodidad, “caminando hacia Él con los demás, sumergiéndonos en la realidad. Porque Dios llama cada día, aquí y hoy, en nuestro mundo”.

El discernimiento

A continuación, los Magos nos hablan de un segundo don: el discernimiento. El Papa Francisco dijo que cuando los Magos, buscando un rey, van a Jerusalén para hablar con el rey Herodes, “hombre ávido de poder y que quiere utilizarlos para eliminar al Mesías niño”. Los Magos, sin embargo, no se dejan engañar por Herodes.

“Saben distinguir entre la meta del viaje y las tentaciones que encuentran en el camino. Abandonan el palacio de Herodes y, atentos a los signos de Dios, ya no pasarán por allí, sino que volverán por otro camino (cf. v. 12)”.

En su alocución, Francisco exclama, y resalta cuánto es importante saber distinguir la meta de la vida de las tentaciones del camino. “Saber renunciar a lo que seduce, pero lleva por mal camino, señaló, para comprender y elegir los caminos de Dios. El discernimiento es un gran don, y nunca hay que cansarse de pedirlo en la oración. ¡Pidamos esta gracia!

La sorpresa

“Por último, los Reyes Magos nos hablan de un tercer don: la sorpresa. Tras un largo viaje, ¿qué encuentran estos hombres de alta posición social? Un bebé con su madre (cf. v. 11): una escena ciertamente tierna, pero no asombrosa. No ven ángeles como los pastores, sino que encuentran a Dios en la pobreza. Tal vez esperaban un Mesías poderoso y prodigioso, y se encuentran con un bebé”.

No obstante, su sorpresa, los Magos, no creen haberse equivocado, saben reconocerlo, enfatizó Francisco. Acogen la sorpresa de Dios y viven su encuentro con Él maravillados, adorándole:

“en la pequeñez reconocen el rostro de Dios. Humanamente todos estamos inclinados a buscar la grandeza, pero es un don saber encontrarla de verdad: saber encontrar la grandeza en la pequeñez que Dios tanto ama. Porque así es como se encuentra al Señor: en la humildad, en el silencio, en la adoración, en los pequeños y en los pobres”.

Y cada uno de nosotros, dijo por último, es llamado por Jesús, todos podemos discernir su presencia, todos podemos experimentar sus sorpresas. Son dones que ya hemos recibido, afirmó:

“Recordar cuándo sentimos una llamada de Dios en nuestra vida; o cuándo, quizá después de mucho esfuerzo, fuimos capaces de discernir su voz; o también, en una sorpresa inolvidable que Él nos ha dado, asombrándonos. Que la Virgen nos ayude a recordar y custodiar los dones recibidos”.

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