La “nueva ruta de humanidad” trazada por el Papa para los refugiados

Servir, acompañar, defender. Estos son los tres objetivos del Centro Astalli, la rama italiana del Servicio Jesuita a Refugiados, que acoge a migrantes desde 1981 y que en un año responde a las necesidades de unas 20.000 personas, la mitad de ellas en la ciudad de Roma. En la década de Pontificado que acaba de celebrarse, el Papa Francisco ha subrayado a menudo su compromiso de vivir concretamente estas tres palabras, ya que se dirigen “a personas despojadas de todo poder, de toda seguridad, a menudo de toda relación familiar o simplemente humana, en una palabra: de toda dignidad”.

Padre Sosa: los migrantes no son una catástrofe natural

El padre Arturo Sosa, Superior General de los jesuitas, lo recuerda en la introducción del pequeño libro “Una nueva ruta de humanidad. El Papa Francisco a los refugiados”, que recoge las palabras que el Pontífice ha dirigido a los operadores y huéspedes del Centro Astalli desde su visita el 10 de septiembre de 2013.  El padre Sosa agradece al Papa “la atención expresada constantemente en apoyo de los refugiados”. “No son un desastre natural”, escribe, y reitera cómo Francisco es “casi el único” que denuncia algunas de las causas de las migraciones, como el colonialismo económico o el comercio de armas.

Un recurso y no un problema

El Papa Francisco a lo largo de los años recibió a miembros del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en 2015 y les escribió una carta en 2020, mientras que envió otras dos misivas dirigidas directamente al Centro Astalli en 2019 y 2021. “En estos discursos”, explica el padre Camillo Ripamonti, presidente del Centro Astalli, “el hilo conductor es ciertamente reconducirlo todo a la relación con las personas, y con los refugiados en particular, que en estos tiempos son considerados cada vez más o como objetos o como números”. “Lo que el Papa nos recuerda, revirtiendo lo que es el imaginario colectivo de estos años, es que las migraciones no deben ser consideradas simplemente como un problema que hay que resolver, sino como una riqueza que hay que valorizar”, reitera el padre Ripamonti, y “esto es un poco la trayectoria que nos da y que sirve para construir después el futuro”.

Cada vida perdida es un drama

En los últimos días, la cuestión migratoria ha vuelto al centro del debate público, sobre todo en Italia tras el naufragio en Cutro el 26 de febrero -el número de víctimas asciende ya a 81-, los hotspots en Lampedusa llenos como nunca y las continuas incertidumbres sobre quién es responsable de los rescates. “Cada vida que se pierde es un drama, sobre todo cuando estas vidas son las de niños que tienen su futuro por delante”, reitera el presidente del Centro Astalli, “no olvidemos a estas personas. No fingir que estas tragedias no existen es un primer paso para empezar a volver a poner en el centro a los migrantes y su futuro con nosotros”.

Migraciones, cambio climático y religiones

La ocasión para la presentación de la colección de discursos del Papa Francisco en el Centro Astalli fue el seminario para profesores “la crisis climática entre las guerras y la movilidad humana: una lectura interreligiosa”, en el que se destacó el papel del cambio climático en las migraciones y el papel de las religiones del mundo a la hora de abordar estos procesos, basándose en lo expuesto en la Declaración de Abu Dhabi sobre la fraternidad humana y en la encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti. El padre Giulio Albanese, periodista misionero y director de la Oficina para las Comunicaciones Sociales del Vicariato de Roma, recordó dos crisis opuestas que azotan África y de las que se habla poco en los medios de comunicación: la sequía en el norte de Kenia y las inundaciones en Malawi. A continuación, el periodista Riccardo Cristiano recordó que Oriente Medio corre el riesgo de quedarse sin agua en 2020 y las consecuencias medioambientales de los proyectos de ampliación del Bósforo. “La ecología es crucial”, recordó el imán Nader Akkad, de la Gran Mezquita de Roma, y “no está dicho que el hombre pueda heredar la tierra”. En este sentido, el papel educativo decisivo es el de custodiar la creación, como Dios se lo confió a Abraham. En este sentido, las religiones deben también trabajar juntas a través de la “diplomacia de la misericordia” indicada por Francisco.

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