La Iglesia debe llegar a los jóvenes orientándolos y guiándolos

“La Iglesia debe acoger a los jóvenes como motor de su influencia en el mundo, debe dejarse mover por ellos, por eso es esencial acoger también la novedad que traen dentro”

Así lo afirmó ayer por la tarde el cardenal Mauro Gambetti, vicario general del Papa para la Ciudad del Vaticano y arcipreste de la Basílica de San Pedro, en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde tuvo lugar el segundo encuentro del ciclo de conferencias “Caminando hacia Lisboa – 10 años de Francisco”, organizado por el Centro Fe y Cultura “Alberto Hurtado” y la Embajada de Portugal ante la Santa Sede, como preparación a la XXXVIII Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará del 1 al 6 de agosto en la capital portuguesa.

La iniciativa tiene como objetivo proponer diálogos que puedan enmarcar las perspectivas abiertas por el Magisterio del Papa Francisco, declinadas como propuestas dirigidas a las nuevas generaciones cristianas. Por este motivo, el cardenal conversó con el presidente de la Fundación Juan Pablo II para la Juventud, Daniele Bruno, quien solicitó algunas reflexiones sobre los jóvenes de hoy y la Iglesia con una mirada a la Fratelli tutti del Papa Francisco.

La inestabilidad y la prisa de los jóvenes de hoy

Inspirándose en el tema de la próxima JMJ, “María se levantó y se fue de prisa”, el cardenal Gambetti señaló que el versículo elegido por el Papa Francisco para la cita de Lisboa recuerda el movimiento y la celeridad, que son las posturas del mundo juvenil contemporáneo.

Los jóvenes son inestables y van de prisa, son muy rápidos, dijo el cardenal, y la Iglesia debe salir a su encuentro, abrazar estas características guiándolos y orientándolos. No se trata de defectos, sino de “posturas, modos” con los que los jóvenes de hoy han crecido y están creciendo.

Es la globalización la que empuja a los jóvenes hacia estos caminos, señaló el cardenal Gambetti, añadiendo que la Iglesia debería dar un paso en esta dirección de inestabilidad y velocidad, considerándolas como un valor añadido para ayudar a los jóvenes a alcanzar el equilibrio.

Para el purpurado, la inestabilidad, por ejemplo, puede ser una señal para que la Iglesia ofrezca horizontes a la sociedad; la inestabilidad, de hecho, requiere un movimiento interior, aclaró el arcipreste de la basílica vaticana, lleva a un impacto con la realidad que interroga y cuestiona, induciendo así un movimiento interior, que es una de las claves para abrir el corazón a las mociones del espíritu.

Y así, la inestabilidad, como valor, consideró el cardenal Gambetti, “es la clave para captar los retos de la sociedad y tratar de orientarlos en la dirección de la espiritualidad”. Espiritualidad que la sociedad debe redescubrir. De hecho, dijo, es necesario volver a dar un lugar a la dimensión espiritual del hombre para poder hacer frente a estos desafíos.

Y entonces es necesario hacer comprender a los jóvenes qué es lo que induce a la prisa, el amor universal o la ansiedad, señaló el cardenal. “Hacer que los jóvenes redescubran el sentido de esta prisa es la manera de que se sientan a gusto”, y para ello la Iglesia debe moverse con el tiempo que pide la sociedad.

La Fratelli tutti representa un horizonte para la vida

En cuanto a la dirección en la que debe mirar el mundo de hoy, para el cardenal es la que indican la Fratelli tutti. Si no nos consideramos hermanos, la sociedad, que está en movimiento y empuja hacia el individualismo y el aislamiento, conduce al distanciamiento que puede convertirse en enemistad, señaló el vicario general del Papa para la Ciudad del Vaticano.

Si no entramos en relaciones fraternas, si no somos hermanos de todos, llegamos a la hostilidad, señaló el cardenal, que ve en la Fratelli tutti la indicación de un horizonte de vida. Un horizonte al que también deben mirar los políticos, porque “si un político no tiene compasión, no tiene al prójimo en el corazón, no se hace prójimo de todos – señaló el cardenal Gambetti – sino que traiciona su misión”.

Así pues, el político debe intentar tener al prójimo en el corazón, “porque de lo contrario muere el sentido humano de la política”. Y en cuanto a los retos a los que se enfrenta la sociedad contemporánea, uno de los mayores es el de la tecnología, que plantea varios interrogantes y abre diversas reflexiones, especialmente con relación a la inteligencia artificial o al metaverso.

Ante semejante desafío, la Iglesia debe actuar como enzima de la agregación sin intereses creados, fue la consideración del purpurado, que se plantea una mesa de alto nivel para establecer normas internacionales que impidan que la tecnología domine al hombre.

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