La guerra vista por los niños enfermos en audiencia con el Papa

La guerra en Ucrania es aún más “absurda y cruel” -lo dijo el Papa- cuando se ve a través de los ojos de los más pequeños. Sí, incluso se vuelve indecente en la vida cotidiana de los niños con cáncer y de sus familias.

Esta mañana, durante su audiencia general del Miércoles de Ceniza, el Papa Francisco -recordando que “pasado mañana, 24 de febrero”, es el “triste aniversario” del inicio de la guerra- abrazó a 35 niños ucranianos que, desde hace ocho meses, son acogidos en Roma para continuar su tratamiento oncológico en el hospital Bambino Gesù. Con las madres, las abuelas y algunos hermanos y hermanas: los padres están todos en el frente.

A Francisco le han llevado los saludos de sus 8 amigos – “compañeros de viaje” entre el dolor y la esperanza – que no han podido venir hoy porque están sometidos a terapias particularmente intensas.

Josefinos de Murialdo 

En Roma, los niños enfermos y sus familias fueron acogidos por iniciativa del Ente Nazionale dei Giuseppini del Murialdo -el proyecto se llama simbólicamente “Accolgo”- en una instalación de Monte Mario gestionada por la asociación Peter Pan. La coordinación de la llegada de los pequeños procedentes de diversas instituciones de asistencia ucranianas corrió a cargo de la asociación Soleterre (aún presente en el país -llevando medicinas y apoyando a los que se quedan atrás- y también en Polonia, en la frontera, para asistir a los que huyen de la guerra y no tienen nada). Este proyecto de acogida y asistencia cuenta con el apoyo de la Región del Lacio.

“El Ente Nazionale Giuseppini del Murialdo se ocupa en particular de la integración social y laboral de madres y abuelas, también a través de cursos de italiano, con el objetivo de encontrar una vivienda que dé más autonomía. Y para los más pequeños también hay escuelas de música”, explican los dos responsables, Lucio Filipponi y Massimo Pierini.

También estuvieron presentes en la audiencia general de esta mañana para contar al Papa los sufrimientos y también las esperanzas del pueblo ucraniano los siete miembros de la delegación oficial del Grupo Parlamentario de Amistad entre Ucrania y la Santa Sede. En particular, acudieron para dar las gracias al Pontífice por su cercanía y apoyo en este año de guerra, explicó Rostyslev Tistyk, que encabeza la delegación, con el secretario Dmytro Natalukha.

De gran valor fueron los regalos entregados al Papa, más elocuentes que mil palabras: sobre todo una carta “atravesada” por una bala.

Saludo a los Misioneros

Gratitud y cercanía son las dos palabras clave que marcan su testimonio y que el Papa ha reforzado hoy con su nuevo llamamiento por la paz: “Permanezcamos cerca del martirizado pueblo ucraniano que sigue sufriendo y preguntémonos: ¿se ha hecho todo lo posible para detener la guerra? Hago un llamamiento a quienes tienen autoridad sobre las naciones para que se comprometan concretamente a poner fin al conflicto, alcanzar un alto el fuego e iniciar negociaciones de paz. La que se construye sobre escombros nunca será una verdadera victoria”.

Durante la audiencia, Francisco alentó después en particular la iniciativa promovida en Polonia y llamada “Misioneros para la Cuaresma”: se dirige “a los que han permanecido en Ucrania, devastada por la guerra, llevando apoyo y esperanza a los habitantes de ese país atormentado”.

De paz, justicia, desarrollo social y, por desgracia, también de guerra, acudieron a hablar con el Papa veinticinco religiosos misioneros de la Consolata -en primera línea sobre todo en África- que este año celebran 25 años de ordenación. Con ellos también dos coreanos -esposa y marido- que hace tres años dejaron sus cátedras universitarias para apoyar un proyecto concreto para los “niños de la calle” en Dar es Salaam, Tanzania.

“Con el Papa, como nos enseñó nuestro fundador Giuseppe Allamano, ‘recentramos’ nuestra vida en Cristo”, dice el padre Antonio Rovelli, que promovió el encuentro de los misioneros en Roma para que el aniversario común diera un nuevo impulso a la evangelización. Y “precisamente con el Papa -con su palabra, su bendición y su aliento- relanzamos nuestro servicio entre los más pobres, especialmente en África, para ser signo de esperanza y consuelo”.

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