Jóvenes en el camino cuaresmal: “Por una Cuaresma humilde, paso a paso”

La transfiguración personal y eclesial: esa es la meta del camino ascético cuaresmal, según el Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2023. Pero no es cualquier tipo de transformación, sino una que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual.

Para Magalí Jojot, integrante de la Pastoral Universitaria de la Arquidiócesis de Paraná (capital de la provincia argentina de Entre Ríos), en la Cuaresma se nos propone emprender un camino de transformación, tanto en la vida personal como comunitaria.

“Lo primero tendría que ser dar ese paso a paso”, cuenta en el video enviado en exclusividad a Vatican News. “Cuando algo nos queda muy grande o cuando pensamos ‘¿Mejor para qué lo empiezo si no lo voy a terminar?’, quizá es importante asumir este pequeño paso de lo cotidiano para entrevernos a vivir hoy esta gran transformación que nos sugiere el Papa”, añade.

Un pequeño paso a paso en la vida cotidiana en Dios que habla a través de su Palabra, en un compañero de trabajo, en las distintas situaciones que nos acontece, comparte la joven argentina. Magalí nos anima a que esta transformación no sea solamente algo difícil, sino a vivirla con esa alegría de llegar a esa transformación que vivieron los apóstoles. También nos aconseja vivir una Cuaresma humilde, caminando paso a paso y con la alegría de encontrarnos como comunidad.

La ascesis cuaresmal es un compromiso

“Aun cuando nuestros compromisos diarios -escribe el Papa Francisco en su mensaje- nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis”.

“La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal”.  

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