Francisco: Samaritanos con las mangas arremangadas

La llama de una fe que arde, no el pequeño fuego de un intimismo humoso. Y que ilumina todo alrededor, difundiendo calor, ternura, fraternidad, no el frío eficientismo de una organización en la que todo funciona menos hacer ver y tocar a Cristo. El Papa volvió a trazar una vez más el perfil de la persona consagrada, en esta ocasión al recibir en audiencia a los participantes en el Capítulo general de las Pequeñas Hermas Misioneras de la Caridad, instituidas por san Luis Orione.

Hacer propios los modos de Jesús

Y es a partir de las palabras del fundador que Francisco comenzó a desarrollar sus consideraciones, o más bien a partir de las “tres vías fundamentales”, indicadas por el santo piamontés: “Estar unidas a Jesús, cercanas a los hermanos y activas en el servicio”. La unión con Cristo para un religioso es un “valor fundamental” puntualizado por el Concilio, que iguala a los consagrados con los primeros discípulos.

No se trata, por tanto, de cultivar intimidades humosas y estériles en la vida espiritual y apostólica, ni de convertirnos en “eficientes ejecutivos empresariales” en la gestión de las obras. Se trata, en cambio, de hacer propio el modo de vivir de Jesús, dejándolo que cada vez más sea Él el que actúe en nosotros.

Gestos de gentileza

Por lo tanto, reiteró el Papa, “tener una fe que arda en nuestro interior y resplandezca a nuestro alrededor”. Y “como madres – subrayó Francisco refiriéndose a las religiosas – el don más grande que pueden hacer a los hijos que Dios les recomienda es transmitirles su amor tierno y apasionado por Jesús”, siendo – he aquí la segunda indicación – “cercanas a los hermanos”.

Por tanto, tengan siempre, entre ustedes y hacia los demás, un sentido de ternura maternal, jamás de frialdad. Y si a veces este malestar del corazón se hace sentir, ¡expúlsenlo inmediatamente, con pensamientos, palabras y gestos de acogida y gentileza! Sabemos que un trozo de pan compartido con una sonrisa es mejor que una comida que puede ser refinada, pero sazonado con hielo e insípida de amor.

Madres creativas

En cuanto a la enseñanza de don Orione de “trabajar duro”, los pobres y “los afligidos por todo mal y dolor”, como le gustaba decir al fundador, son y siguen siendo los primeros en ser buscados y beneficiados por la atención y la ternura, como hace una madre con sus hijos que – señaló Francisco – “logra inventar soluciones y remedios inesperados, incluso ante situaciones difíciles o ante la incomprensión de los demás”.

Es sobre todo esto lo que hace que los hijos se sientan “en casa”, seguros, aceptados más allá de sus capacidades, éxitos, condiciones sociales, origen o pertenencia religiosa, porque una madre ama a todos, no hace diferencias (…). Ustedes se definen por vocación como una “congregación samaritana”: ¿y quién más que una madre es “samaritano” para sus hijos? Ella ve, o más bien intuye sus heridas, se detiene, los cura y finalmente les deja seguir su camino.

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