Francisco: En un mundo en guerra sepan crear maravillas

En el relato de la creación “Dios es a la vez autor y espectador” y la primera página de la Biblia es “una historia de implicación, de belleza y de pasión. De amor”. En esta página se puede encontrar “el sentido del trabajo cultural. Por un lado está la acción creadora y, por otro, el contemplar y el evaluar”.

Así lo afirmó el Papa, al recibir esta mañana en el Vaticano a unos doscientos miembros de la Fundación Ente del Espectáculo, con motivo de las celebraciones vinculadas a su 75 aniversario de actividades. En el discurso que el Pontífice entregó ante los presentes, Francisco encomendó una tarea a los artistas: la de “volver a despertar la maravilla” en un mundo “cada vez más artificial, donde el hombre se ha rodeado de las obras de sus propias manos”.

La belleza del estupor

Tras recordar cómo en Italia el mundo católico ha dado vida a “una multiplicidad de experiencias ligadas a la comunicación social y, en particular, al cine”, citando entre otros los centros comprometidos en los ámbitos radiofónico, teatral, cinematográfico y, sucesivamente televisivo de la Acción Católica, como la oficina encargada por el Papa Pío XI, que hoy es la Comisión nacional de evaluación cinematográfica de la Conferencia Episcopal Italiana, hasta las Salas comunitarias, fruto del compromiso de oratorios y parroquias, Francisco centra su discurso en el estupor:

“Parece que Dios mismo siente estupor, maravilla ante la belleza de las criaturas, especialmente cuando contempla al ser humano. Quisiera decirles: volvamos a partir de aquí, del arte como estupor, en primer lugar para quien lo hace, para el artista”

El mundo necesita signos y obras maravillosas

En su discurso entregado el Papa cita una película del director ruso Andrei Tarkovsky, que vivió en el siglo pasado. “Andrej Rublëv”, producida en 1966, que relee la historia de la Rusia del siglo XV a través de las hazañas del pintor ruso Andrej Rublëv. El Obispo de Roma califica esta película de “obra maestra”:

“Pienso en esa obra maestra que es Andrej Rublëv, de Tarkovski: el artista se queda mudo a causa del trauma de la guerra. Me hace pensar en lo que ocurre hoy en el mundo. Rublëv ya no pinta, ni siquiera habla. Vaga perdido en busca de sentido, hasta que asiste a la fundición de una campana. Y al primer toque de esa gran campana, su corazón se abre de nuevo, su lengua se suelta, empieza a hablar de nuevo y empieza a pintar de nuevo. Y la pantalla se llena de los colores de sus iconos”

El artista, venerado como santo por la Iglesia ortodoxa, es considerado por muchos el más grande pintor de iconos. Francisco destacó cómo aquel sonido generó el asombro en Rublëv:

“El sonido de la campana, surgida de la tierra y del bronce, como por milagro, llena de estupor el alma del artista, que en cierto modo percibe en ella la voz de Dios, que le susurra: ‘Ábrete’. Como dijo Jesús en el Evangelio: ‘Effatà’”

El estupor de Dios

El Pontífice se detiene en la primera página de la Biblia, en el relato de la creación que parece fluir como una película. Dios, “creador y espectador”, también experimenta el estupor:

Es una historia de implicación, belleza y pasión: de amor. Pero al final de su acción creadora, Dios tiene un gesto sorprendente: se convierte en espectador de su obra, contempla lo que ha realizado y expresa su juicio:

“Vio que era algo bueno’. Pero para el hombre, hecho a su imagen y semejanza, la ‘recensión’ es aún más apasionada: ‘Era algo muy bueno’”

Es precisamente en la historia de la creación donde se puede encontrar el sentido más profundo de la vocación de un artista, de su labor cultural:

En esta página sagrada, queridos amigos, directores, actores, mujeres y hombres que trabajan en el cine, podemos encontrar también el sentido de su trabajo cultural. Por un lado, la acción creadora; por otro, el contemplar y el evaluar. Me parece que pueden reflejarse en este maravilloso fresco bíblico, que ha fascinado a tantos artistas y no deja de asombrar y estimular la imaginación y la reflexión.

Post Comment