Francisco en L’Aquila: O somos un Pueblo de Dios o no se resuelven los problemas dolorosos

“En este momento de encuentro con ustedes, en particular con los familiares de las víctimas del terremoto, quiero expresar mi cercanía a sus familias y a toda su comunidad, que ha afrontado con gran dignidad las consecuencias de ese trágico acontecimiento”. Son las palabras del Papa Francisco al encontrarse esta mañana, en la Plaza frente a la Catedral de L’Aquila durante su visita pastoral a esta ciudad italiana, capital de la región de los Abruzos, con los familiares de las víctimas del trágico episodio acaecido en dicho territorio en 2009. También agradeció el saludo de bienvenida del Cardenal Giuseppe Petrocchi, arzobispo de L’Aquila, quien presentó al Pontífice la realidad de la Iglesia local y de la sociedad de L’Aquila.

El Papa extendió, además, su gratitud a las autoridades, los presos, los niños, “todos, el pueblo de Dios”, aseveró, por la presencia.

En primer lugar, el Obispo de Roma agradeció el testimonio de fe: “A pesar del dolor y el desconcierto propios de nuestra fe de peregrinos, han fijado su mirada en Cristo, crucificado y resucitado, que con su amor ha redimido el dolor y la muerte del sinsentido. Y Jesús les ha devuelto a los brazos del Padre, que no deja caer una sola lágrima en vano, ni siquiera una, sino que las recoge todas en su corazón misericordioso”.

Nadie se salva solo

“En ese corazón están escritos los nombres de tus seres queridos, que han pasado del tiempo a la eternidad. La comunión con ellos está más viva que nunca. La muerte no puede romper el amor, nos recuerda la liturgia de los muertos: “A tus fieles, Señor, la vida no se les quita, sino que se les transforma” (Prefacio I).

“Pero el dolor está, existe, las bonitas palabras ayudan, pero el dolor permanece. Con las palabras no se va el dolor, solo con la cercanía, el afecto, con la esperanza, para ir adelante. O somos un Pueblo de Dios o estamos solos”.

“La memoria es la fuerza de un pueblo”

“Les felicito por el cuidado con el que han creado la Capilla del Recuerdo”, expresó el Papa. “Cuando esta memoria está iluminada por la fe, ese pueblo no queda prisionero del pasado, sino que camina en el presente mirando hacia el futuro, permaneciendo siempre apegado a sus raíces y atesorando las experiencias pasadas, buenas y malas”, añadió.

“Ustedes, los habitantes de L’Aquila, han demostrado su capacidad de resistencia. Arraigada en su tradición cristiana y cívica, le permitió resistir el impacto del terremoto y comenzar inmediatamente la valiente y paciente labor de reconstrucción”, sostuvo el Obispo de Roma.

“Había que reconstruir todo: las casas, las escuelas, las iglesias. Pero, como bien saben, esto se hace junto con la reconstrucción espiritual, cultural y social de la comunidad cívica y eclesial”.

“El renacer personal y colectivo es un don de la Gracia”, afirmó Francisco, “y es también el fruto del compromiso de todos y cada uno. Es fundamental activar y potenciar la colaboración orgánica, en sinergia, de instituciones y entidades asociativas: una concordia esforzada, un compromiso con visión de futuro”.

Iglesias, patrimonio de la comunidad

Al finalizar su alocución, resaltó que, en la labor de reconstrucción, las iglesias merecen una atención especial, no solo son patrimonio de la comunidad en un sentido histórico y cultural, sino también en un sentido de identidad, remarcó. “Esas piedras están impregnadas de la fe y los valores del pueblo, y los templos son también lugares propulsores de su vida, de su esperanza”.

Y, al hablar de esperanza, saludó y agradeció a la delegación del mundo penitenciario de los Abruzos: también en ellos saludó “un signo de esperanza, porque también en las cárceles hay muchas, demasiadas víctimas”, dijo. “Hoy aquí ustedes son un signo de esperanza en la reconstrucción humana y social”, aseguró.

El Sucesor de Pedro renovó su saludo y extendió su bendición a los presentes, a las familias y a toda la ciudadanía.

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