Francisco: Comunicar es hacer que la gente se sienta menos sola y dar voz a los excluidos

La tarea de la comunicación es “favorecer la cercanía, dar voz a los excluidos, llamar la atención sobre lo que normalmente descartamos e ignoramos”. Con estas palabras, el Papa Francisco lo ha recordado en su discurso entregado a los empleados y participantes en la Asamblea Plenaria del Dicasterio para la Comunicación, a quienes recibió en la Sala Clementina del Palacio Apostólico en la mañana de este sábado 12 de noviembre.

“La comunicación es, por decirlo así, el oficio de los vínculos, dentro de los cuales la voz de Dios resuena y se hace escuchar”, afirmó el Pontífice. El Papa indica, en su mensaje, los tres puntos sobre los cuales se debe orientar la comunicación: que las personas se sientan menos solas, dar voz a quien no la tiene y educarse en el esfuerzo de comunicar.

El Papa indica tres puntos en los que debe orientarse la comunicación: “hacer que las personas estén menos solas”, “dar voz a los sin voz”, educarse en el “esfuerzo de comunicar”. “Si la comunicación no disminuye el sentimiento de soledad al que tantos hombres y mujeres se sienten condenados”, entonces “solo es un entretenimiento, no es el oficio de los vínculos”. En cambio, aclara Francisco, una persona se siente menos sola cuando se da cuenta de que las preguntas, las esperanzas, las luchas que lleva dentro encuentran su expresión fuera”.

El Obispo de Roma sostiene que “solo una Iglesia inmersa en la realidad sabe realmente lo que hay en el corazón del hombre contemporáneo”. “Por lo tanto, dice, toda verdadera comunicación está hecha sobre todo de escucha concreta, está hecha de encuentros, de rostros, de historias”. “Si no sabemos estar en la realidad, nos limitaremos a señalar desde arriba en direcciones que nadie escuchará. La comunicación debe ser una gran ayuda para la Iglesia, para vivir concretamente en la realidad, favoreciendo la escucha e interceptando los grandes interrogantes de los hombres y mujeres de hoy”.

Con frecuencia, establece Bergoglio en su discurso, la comunicación margina y censura “lo que es incómodo y lo que no queremos ver”. No obstante, precisa que la tarea de la Iglesia es estar con los últimos y su hábitat natural son las periferias existenciales. 

“Las periferias existenciales no son solo las que por razones económicas se encuentran al margen de la sociedad, sino también las que están llenas de pan pero vacías de sentido, son también las que viven en situaciones de marginalidad debido a determinadas elecciones, o a fracasos familiares, o a acontecimientos personales que han marcado indeleblemente su historia”.

La invitación del Santo Padre es a reflexionar si la Iglesia es capaz de dar a estos hermanos y hermanas, si sabe escucharles y si puede discernir junto a ellos la voluntad de Dios y, así, dirigirles una Palabra que salva.

Al referirse a la educación en el esfuerzo que supone comunicar, Bergoglio indica que debemos aceptarla, pues a menudo “los que miran a la Iglesia desde fuera se sienten desconcertados por las diferentes tensiones que existen en ella”. “Pero quienes conocen el modo de actuar del Espíritu Santo saben bien que a Él le encanta hacer comunión de la diversidad, y crear armonía de la confusión”.

“La comunión nunca es uniformidad, sino la capacidad de mantener unidas realidades muy diferentes. Creo que también deberíamos ser capaces de comunicar este cansancio sin pretender resolverlo u ocultarlo”. El disenso no es una actitud de ruptura, apunta el Papa, “de hecho puede ser uno de los ingredientes de la comunión”, pues la comunicación también debe hacer posible la diversidad de puntos de vista, buscando siempre preservar la unidad y la verdad, y combatiendo la calumnia, la violencia verbal, el personalismo y el fundamentalismo que, con la excusa de ser fieles a la verdad, sólo propagan la división y la discordia.

Al final de su discurso entregado, Francisco subraya que el del Dicasterio para la Comunicación no es un trabajo “simplemente técnico”, si acaso “toca el modo mismo de ser Iglesia”. “Servir a la Iglesia significa ser fiable y también valiente para atreverse por nuevos caminos”, concluye el Papa, que insta a quienes trabajan en el Dicasterio a ser “siempre fiables y valientes”.

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