Francisco: Anuncia al Señor y lo encontrarás, siempre en camino

Las mujeres fueron las primeras en ver y encontrar a Jesús resucitado en la mañana de Pascua. Lo recuerda el Evangelio (Mt. 28, 8-15) que la Iglesia proclama este lunes 10 de abril, de la Octava de Pascua, también conocido como Lunes del Ángel. El texto está al centro de la reflexión del Santo Padre, quien se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico para rezar la oración mariana del Regina Caeli con miles de fieles y peregrinos congregados en el Vaticano.

“Podríamos preguntarnos: ¿por qué ellas?”, expresó Francisco, quien alegó una razón muy sencilla: fueron las primeras en ir al sepulcro. El Papa reconoció que también ellas sufrían por el modo en que parecía haber terminado la historia de Jesús. No obstante, a diferencia de los demás, no se quedaron en casa paralizadas por la tristeza y el miedo. Más bien “por la mañana temprano, al salir el sol, fueron a honrar el cuerpo de Jesús llevando ungüentos aromáticos. El sepulcro había sido sellado y se preguntan quién pudo quitar la piedra (cf. Mc 16,1-3)”.

“Pero su voluntad de realizar aquel gesto de amor prevalece por encima de todo”, observó el Sucesor de Pedro. Las discípulas “no se desaniman, salen de sus miedos y de sus angustias. Este es el camino para encontrar al Resucitado”, enseñó Bergoglio.

Obtengamos la fuerza para preservar en el bien, buscando el Bien que no defrauda. Apresurémonos dijo el Papa en su mensaje Urbi et Orbi, a crecer en un camino de confianza …

Compartir la alegría

El Pontífice argentino invitó a recorrer la escena descripta en el Evangelio, animando a fijarse en un detalle: Jesús sale al encuentro de las discípulas cuando ellas van a anunciarlo. “Esto es hermoso: cuando anunciamos al Señor, el Señor viene a nosotros. A veces pensamos que la manera de estar cerca de Dios es tenerlo estrechamente junto a nosotros; porque después, si nos exponemos y hablamos de esto, llegan los juicios, las críticas, tal vez no sabemos responder a ciertas preguntas o provocaciones, y entonces es mejor no hablar de esto. En cambio, el Señor viene cuando lo anunciamos. Tú siempre encuentras al Señor en el camino del anuncio. Anuncia al Señor y lo encontrarás. Busca al Señor y lo encontrarás. Siempre en camino. Esto es lo que nos enseñan las mujeres: a Jesús se le encuentra dando testimonio de Él. Pongamos esto en el corazón: Jesús se encuentra testimoniándolo”. 

Como ocurre con el nacimiento de un hijo, “una de las primeras cosas que hacemos es compartir este feliz anuncio con los amigos. Y al contárselo, también nos lo repetimos a nosotros mismos y, de alguna manera, hacemos que cobre aún más vida en nosotros”. Hay que procurar, sin embargo, que esta proclamación se realice “no con propaganda o proselitismo”, sino “con respeto y amor, como el don más hermoso para compartir”.

Ningún obstáculo para el anuncio

“Pensemos de nuevo en las mujeres del Evangelio, continuó el Santo Padre, la piedra del sepulcro estaba sellada, toda la ciudad había visto a Jesús en la cruz y, no obstante eso, ellas van a la ciudad a anunciarlo. “Cuando se encuentra a Jesús, ningún obstáculo puede impedirnos anunciarlo”, dijo Francisco. “En cambio, si nos guardamos solo para nosotros su alegría, tal vez sea porque todavía no lo hemos encontrado de verdad”, añadió.

Para concluir, Francisco estimuló a la multitud a preguntarse: “¿Cuándo fue la última vez que di testimonio de Jesús? Hoy, ¿qué hago para que las personas que encuentro reciban la alegría de su anuncio? Y de nuevo: ¿puede alguien, pensando en mí, decir: ¿esta persona está serena, es feliz, es buena porque ha encontrado a Jesús?”. El Papa pidió a la Virgen “que nos ayude a ser anunciadores alegres del Evangelio”.

El Papa agradece los augurios pascuales recibidos 

Francisco manifestó su gratitud a todos los que, en estos días, le han enviado expresiones de buenos deseos, agradeció las plegarias y pidió que Dios recompense a cada uno con sus dones.

Asimismo, deseó a todos “que pasen estos días de la Octava de Pascua, en los que se prolonga la celebración de la Resurrección de Cristo, en la alegría de la fe”.

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