Francisco a la FAO: Necesario programar las intervenciones contra hambre y malnutrición

“No dejar a nadie atrás. Mejor producción, mejor nutrición, mejor medio ambiente y una vida mejor para todos”. El tema de la Jornada Mundial de la Alimentación de este 2022, – año en que se conmemora el 77 aniversario de fundación de la FAO – que el Papa Francisco recuerda en su mensaje dirigido al Director General, Qu Dongyu, resalta, según el pontífice, la necesidad de que las intervenciones para erradicar totalmente el hambre y la malnutrición “sean planificadas y programadas” y no “simplemente la respuesta a carencias circunstanciales o llamamientos lanzados con motivo de emergencias”. 

Fundamental ver a los demás como hermanos y hermanas

En el mensaje Francisco recuerda que la FAO nació con el fin de dar respuestas a las necesidades de las tantas personas agobiadas por la indigencia y el hambre en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, y lamenta que también hoy vivimos “en un contexto bélico, que podríamos denominar una ‘tercera guerra mundial’”. Esto es algo que debe “hacernos reflexionar”, dice el Papa, que reconoce, por otra parte, que “no será posible hacer frente a las numerosas crisis que afectan a la humanidad si no trabajamos y caminamos juntos, sin dejar que nadie quede atrás”. 

Para eso es necesario, ante todo, que veamos a los demás como nuestros hermanos y hermanas, como miembros que integran nuestra misma familia humana, y cuyos sufrimientos y necesidades nos afectan a todos, porque “si un miembro sufre, todos los demás sufren con él” (cf. 1 Co 12,26). 

Necesario abordar a todos los niveles el problema de la pobreza

Para lograr las “cuatro mejoras” del tema de este año, a saber, mejor producción, mejor nutrición, mejor medio ambiente y mejor vida para todos, es preciso – afirma Francisco – abordar juntos y a todos los niveles el problema de la pobreza, estrechamente vinculada a la falta de alimentación adecuada. Los objetivos de la FAO “son ambiciosos y parecen inalcanzables”, constata el Santo Padre, que sugiere modos para conseguirlos: 

Ante todo, no perdiendo de vista que el eje de toda estrategia son las personas, con historias y rostros concretos, que habitan en un lugar determinado; no son números, datos o estadísticas interminables. También introduciendo “la categoría del amor” en el lenguaje de la cooperación internacional, para revestir las relaciones internacionales de humanidad y de solidaridad, persiguiendo el bien común. 

Volver a lo esencial

He aquí que el pontífice reitere – citando la Laudato si’ – la necesidad de “reorientar nuestra mirada hacia lo esencial, hacia lo que nos ha sido dado gratuitamente, focalizando nuestra labor en el cuidado de los otros y de la creación”, y concluya su mensaje renovando el compromiso de la Santa Sede y la Iglesia católica de caminar “junto a la FAO y a otras organizaciones intergubernamentales que trabajan en favor de los pobres”, poniendo por delante la fraternidad, la concordia y la mutua colaboración, para descubrir horizontes que aporten al mundo un beneficio genuino, “no sólo para el hoy, sino también para las generaciones venideras”. 

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