El Salvador. Los cuatro Beatos y San Romero: “Una iluminación que nos conduce”

El Papa recibió a la peregrinación organizada por la Conferencia Episcopal Salvadoreña, venida para dar gracias a Dios por la beatificación de los mártires Rutilio Grande García, Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus. 

Sobre los beatos, Francisco manifestó que son un regalo inmenso, tanto para la Iglesia que peregrina en El Salvador, como para la Iglesia universal, y su significado quedará siempre en el misterio de Dios, una realidad que debe ser profundizada en nuestras comunidades, agregó. Bergoglio expresó a los salvadoreños, que aunque si las realidades del actual El Salvador no son las de los tiempos que vivieron los cuatro beatos y San Romero, pero aprender de ellos la llamada al compromiso, a la fidelidad, a poner la fe en Dios y el amor al hermano en primer lugar, a vivir de esperanza, es una acción intemporal, afirmó, porque es el evangelio, un evangelio vivo, que no se aprende de los libros sino de la vida de quienes nos han trasmitido el depósito de la fe.

El Papa dijo además que el primer fruto de la muerte de los beatos fue el restablecimiento de la unidad de la Iglesia.

“Este hecho fue destacado por san Óscar Romero en la misa exequial del padre Rutilio Grande, el 14 de marzo de 1977, cuando escribe emocionado cómo «el clero se apiña con su obispo», asumiendo que es en ese testimonio de unidad que «los fieles comprenden que hay una iluminación de fe que nos va conduciendo, […] una motivación de amor». Y concluía su homilía diciendo: «comprendamos esta Iglesia, inspirémonos en este amor, vivamos esta fe y les aseguro que hay solución para nuestros grandes problemas».”

Seguir la guía de esa iluminación de fe

Seguir esa iluminación de fe que nos conduce, es el consejo del Pontífice, seguir este itinerario para “rumiar” en “la oración esta palabra que, mediante la sangre de estos testigos, Dios ha pronunciado en la Iglesia de El Salvador”.

“Yo sentí mucho la vida de estos mártires, la viví mucho, viví el conflicto de pro y contra. Y es una devoción personal: a la entrada de mi estudio, tengo un pequeño cuadrito con un pedazo del alba ensangrentada de San Óscar Romero y una catequesis chiquitita de Rutilio Grande, para que me hagan acordar que siempre hay injusticias por las que hay que luchar, y ellos marcaron el camino”.

El mensaje de los mártires, remarcó Francisco,  nos llama a identificarnos con su pasión que es la actualización de la pasión de Cristo en el momento presente, abrazando la cruz que el Señor nos ofrece a cada uno personalmente. “Esa cruz es siempre la de Jesús, pero al mismo tiempo es la de todos. Es la cruz de la Iglesia que como cuerpo de Cristo lo sigue en el sacrificio supremo del amor, como Él nos ha enseñado”, añadió.

La cruz la llevamos todos, animándonos unos a otros, orando por aquellos que están en dificultad, y agradeciendo a Dios poder caminar juntos, manifestó el Papa,  como santo pueblo fiel, dando, a pesar de nuestras debilidades, testimonio a los demás, para que ellos también se vean confortados en las vicisitudes de la vida. Así, en camino sinodal, nuestra Iglesia avanza hacia Dios, y es signo de esperanza para todos los hombres. 

Una Iglesia sinodal

Los mártires salvadoreños nos enseñan a caminar juntos, en momentos en los que estamos llamados a reflexionar sobre la sinodalidad de la Iglesia, son dijo el Papa, el mejor ejemplo de ese «caminar juntos», pues el padre Grande fue martirizado mientras “caminaba hacia su pueblo” (cf. SAN ÓSCAR ROMERO, Homilía 14 marzo 1977).

“Eso es lo que cada uno de ustedes, obispos, sacerdotes y agentes pastorales, piden hoy al Señor, ser como ese “sacerdote —Rutilio— con sus campesinos —los beatos Manuel y Nelson—, siempre de camino hacia su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos” (cf. ibíd.). Ese mismo mensaje aparece en una homilía del padre Rutilio, cuando dice que este caminar juntos no puede conformarse con un mero “pasear” al santo en una imagen de devoción, sino que implica, sobre todo, asumir el testimonio de fe, esperanza y amor que ese santo nos dejó en su vida”.

Los Mártires: un don gratuito de Dios

Los mártires, dijo el Papa, son «un don gratuito del Señor», como afirmaba el beato Cosme Spessotto, el más precioso don que Dios puede dar a su Iglesia, pues en ellos se actualiza ese «amor más grande» que Jesús nos mostró en la cruz.

“Su sangre no se une a la del Salvador simplemente en virtud de la imitación del discípulo a su maestro, o del siervo a su Señor, sino que es una forma de unión mística, que los Padres han visto representada en las gotas de sangre que cubrieron el cuerpo de Jesús en Getsemaní (cf. San Agustín, Exposición del Salmo 85)”.

Y estas cuatro gotas, señaló refiriéndose a los nuevos beatos, son como rubíes bordados en el manto inconsútil de Jesús, son “joyas preciosas por las que damos gracias en primer lugar a Dios”.

“Dios es quien los convocó a este combate, quien les dio la fuerza para alcanzar la victoria, y quien nos los presenta ahora para nuestra edificación y como camino a seguir, porque los problemas no terminaron, la lucha por la justicia y por el amor de los pueblos sigue, y para luchar, no bastan las palabras, no bastan las doctrinas, lo cual sí es necesario, pero no bastan; bastan testimonios, y eso es lo que tenemos que seguir. Por eso digo que son un regalo para nuestra edificación, Ellos son un regalo inmenso, tanto para la Iglesia que peregrina en El Salvador, como para la Iglesia universal, y su significado quedará siempre en el misterio de Dios”.

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