El Papa: Jóvenes la Iglesia está con ustedes y los necesita

A las tres de la tarde hora de Roma, Francisco se encontró con los jóvenes en la Escuela del Sagrado Corazón. Una escuela secundaria católica que está al cuidado de las Hermanas Misioneras Combonianas, quienes se comprometieron a ofrecer una educación multicultural orientada a la excelencia académica y un comportamiento basado en los valores de la honestidad y la justicia. Y desde el 2003 pasó al cuidado de las Hermanas del Carmelo Apostolico, que hoy junto con la iglesia parroquial constituyen la “Familia del Sagrado Corazón”. El Papa se encuentra con 800 jóvenes.

Palabras de aliento las de Francisco a los jóvenes, consejos de un abuelo, ánimos a seguir construyendo un futuro mejor. El Pontífice les reiteró que la Iglesia los necesita: 

“Queridos jóvenes, los necesitamos, necesitamos su creatividad, sus sueños y su valentía, su simpatía y sus sonrisas, su alegría contagiosa y también esa pizca de locura que ustedes saben llevar a cada situación, y que ayuda a salir del sopor de la rutina y de los esquemas repetitivos en los que a veces encasillamos la vida. Como Papa quiero decirles: la Iglesia está con ustedes y los necesita, a cada uno de ustedes, para rejuvenecer, explorar nuevos senderos, experimentar nuevos lenguajes, volverse más alegre y acogedora. ¡No pierdan nunca la valentía de soñar y de vivir en grande! Aprópiense de la cultura del cuidado y difúndanla; sean campeones de fraternidad; afronten los desafíos de la vida dejándose orientar por la creatividad fiel de Dios y por buenos consejeros. Y, por último, por favor, acuérdense de mí en sus oraciones. Yo haré lo mismo por ustedes; los llevo en el corazón”.

Convivir entre culturas y credos distintos

El Papa resaltó en su discurso a los jóvenes su satisfacción de ver que en el Reino de Baréin es un lugar de encuentro y diálogo entre diferentes culturas y credos. Y el encuentro con los jóvenes en la escuela, chicos que no son de la misma religión que no tienen miedo de estar juntos, el Papa les dijo que, sin ellos, esta convivencia de las diferencias no sería posible. ¡Y no tendría futuro! Porque en la “masa del mundo”, son la buena levadura destinada a crecer, a superar tantas barreras sociales y culturales, y a promover gérmenes de fraternidad y novedad, les animó el Papa. Y agregó que son los que, como viajeros inquietos y abiertos a lo inédito, no tienen miedo de enfrentarse, dialogar, “hacer ruido” y mezclarse con los demás, convirtiéndose en la base de una sociedad amiga y solidaria.

Un mundo más fraternal

Mezclarse con los demás, convirtiéndose en la base de una sociedad amiga y solidaria es fundamental en los “contextos complejos y plurales en los que vivimos”, les dijo, derribar algunas barreras para inaugurar un mundo más conforme al hombre, más fraternal, aun cuando esto suponga enfrentar muchos retos.

“A este respecto, tomando como referencia sus testimonios y sus preguntas, me gustaría dirigirles tres pequeñas invitaciones, no tanto para enseñarles algo sino para animarlos”.

Abrazar la cultura del cuidado

El Papa les recordó las palabras de la directora de la escuela, sor Rosalyn, que dijo la expresión. “cultura del cuidado”. Al respecto, Francisco, mencionando sinónimos de esa expresión: hacerse cargo, cuidar, significa desarrollar una actitud interior de empatía, manifestó el Papa, es una mirada atenta que nos lleva a salir de nosotros mismos, una presencia amable que supera la indiferencia y nos impulsa a interesarnos por los demás.

Francisco manifestó que este es el punto de inflexión, el comienzo de la novedad, el antídoto contra un mundo cerrado que, impregnado de individualismo, devora a sus hijos; contra un mundo prisionero de la tristeza, que genera indiferencia y soledad, y duele mucho dijo, el espíritu de la tristeza. 

La alegría de la amistad y la gratuidad

Seguidamente, el Pontífice alertó a los jóvenes, que es necesario aprender a “hacernos cargo de lo que nos rodea, de los demás, de la ciudad, de la sociedad, de la creación”, de lo contrario, dijo,  terminamos pasando la vida como los que corren, se afanan, hacen muchas cosas, pero, al final, se quedan tristes y solos porque nunca han experimentado en profundidad la alegría de la amistad y de la gratuidad. Y no le han dado al mundo aquel toque único de belleza que sólo él, o ella, y nadie más podría darle. Y les recordó la figura de Jesús:

 “Como cristiano, pienso en Jesús y veo que sus acciones estuvieron siempre animadas por el cuidado. Cuidó las relaciones con todos los que encontraba en las casas, en los pueblos y en los caminos. Miraba a la gente a los ojos, escuchaba sus peticiones de ayuda, se acercaba y tocaba sus heridas. Entró en la historia para decirnos que el Altísimo cuida de nosotros; para recordarnos que estar del lado de Dios significa hacerse cargo de alguien y de algo, especialmente de los más necesitados”.

El Papa les aconsejó, que para convertirse en especialistas del cuidado y artistas de las relaciones, necesitan un entrenamiento constante, primero deben cuidarse ellos mismos, sobre todo desde el interior, el alma, el corazón, tratando de escucharlo en silencio, encontrar espacios para estar en contacto con su interioridad, les dijo, para acoger su propia existencia, y no dejar que se les escape de las manos. Y les pidió que no sean “turistas de la vida”, que sólo la miran desde fuera, superficilamente:

“Y, en silencio, siguiendo el ritmo de vuestro corazón, hablen con Dios. Háblenle de ustedes mismos, y también de aquellos que encuentran cada día y que Él les da como compañeros de viaje. Llévenle los rostros, las situaciones felices y dolorosas, porque no hay oración sin relaciones, como tampoco hay alegría sin amor. Y el amor —ustedes lo saben— no es una telenovela o una película romántica. Amar es preocuparse por el otro, cuidarlo, ofrecer el propio tiempo y los propios dones a quien lo necesita, arriesgarse para hacer de la vida un regalo que genera ulterior vida. Amigos, por favor, no se olviden nunca de una cosa: todos ustedes —sin excluir a nadie— son un tesoro, un tesoro único y valioso”.

No sean turistas de la vida

Francisco les pidió además que no encierren su vida en una caja fuerte, pensando que es mejor no hacer ningún esfuerzo porque no ha llegado aún el momento de gastarla.Si viven con la mentalidad del turista, no aprovechan el momento presente y se arriesgan, les dijo, en desperdiciar trozos enteros de vida:

“Qué hermoso es, en cambio, dejar ahora una buena huella en el camino, preocupándonos por la comunidad, por los compañeros de clase, por los colegas de trabajo, por la creación. Nos hace bien preguntárnoslo, ¿qué huella estoy dejando ahora, aquí donde vivo, en el lugar donde la Providencia me ha puesto? Esta es la primera invitación, la cultura del cuidado; si la hacemos nuestra, contribuimos a que crezca la semilla de la fraternidad. Y esta es la segunda invitación que quisiera hacerles: sembrar fraternidad”.

Uno de los chicos le dijo al Papa que es necesario ser campeones no sólo en el campo de juego, sino en la vida, el Papa agregó que deben ser campeones de fraternidad, es el desafío de hoy para el tirunfo de mañana, aseveró,  el desafío de nuestras sociedades cada vez más globalizadas y multiculturales. Resaltó la importancia de alcanzar un mundo pacífico y fraterno. Todos los instrumentos y la tecnología que la modernidad nos da no bastan para obtener esa paz, porque como les dijo:

“Los vientos de guerra no se aplacan con el progreso técnico. Constatamos con tristeza que en muchas regiones las tensiones y las amenazas aumentan, y a veces los conflictos estallan. Pero esto a menudo sucede porque no se trabaja el propio corazón, porque se permite que en las relaciones con los demás las distancias se agranden, y de este mismo modo las diferencias étnicas, culturales, religiosas y de otro tipo se convierten en problemas y temores que aíslan, y no en oportunidades para crecer juntos. Y cuando parecen ser más fuertes que la fraternidad que nos une, se corre el riesgo del enfrentamiento”.

 Sembradores de fraternidad. Cosechadores de futuro

Francisco les pidió que sean sembradores de fraternidad, y serán cosechadores de futuro, porque el mundo sólo tendrá futuro en la fraternidad, les dijo. Y retomando el texto bíblico: «¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe también amar a su hermano» (1 Jn 4,20-21).

“Sí, Jesús nos pide que no desvinculemos nunca el amor a Dios del amor al prójimo, haciéndonos nosotros mismos prójimos de todos (cf. Lc 10,29-37). De todos, no sólo de quien me resulta simpático. Vivir como hermanos y hermanas es la vocación universal confiada a toda criatura. Ustedes, jóvenes —sobre todo ustedes—, frente a la tendencia dominante de permanecer indiferentes y mostrarse intolerantes con los demás, hasta el punto de avalar guerras y conflictos, están llamados a «reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras» (Fratelli tutti, 6). Las palabras no son suficientes, se necesitan gestos concretos realizados en lo cotidiano”.

Y cuestiona el Papa, pidió que dentro de nosotros mismos, hacernos estas preguntas:  ¿Soy abierto a los demás? ¿Soy amigo de alguna persona que no forma parte de mi grupo de intereses, que tiene creencias y costumbres diferentes de las mías? ¿Busco el encuentro o me quedo en lo mío?

Crear buenas relaciones con todos

Francisco les pidió que así como en los jóvenes está vivo el deseo de viajar, de conocer nuevas tierras, de superar los límites de los lugares habituales. Les pidió que aprendan a viajar también dentro de ellos mismos, “amplíen las fronteras interiores, para que se desplomen los prejuicios sobre los demás, se reduzca el espacio de la desconfianza, se derriben los muros del miedo, florezca la amistad fraterna”:

“También en esto déjense ayudar por la oración, que ensancha el corazón y que, abriéndonos al encuentro con Dios, nos ayuda a ver en quién encontramos a un hermano y una hermana”.

Tomar decisiones en la vida

El Santo Padre recordó que no existe una vida sin desafíos que afrontar. “Y siempre, frente a un desafío, como ante una encrucijada, es necesario elegir, involucrarse, arriesgarse, decidir”. Pero para ello, hay que apoyarse a una buena estrategia, no se puede improvisar, vivir por instinto y al instante, les dijo, y cómo afinar la mirada interior,  aprender a juzgar las situaciones, a captar lo esencial, hay que crecer en el arte de orientarse en las decisiones, de tomar la dirección correcta.

“Mi consejo es: ¡sigan adelante sin miedo, y nunca solos! Dios nunca los deja solos, pero, para darles una mano, espera que se la pidan. Él nos acompaña y nos guía. No con prodigios y milagros, sino hablando delicadamente por medio de nuestros pensamientos y de nuestros sentimientos.  Dos cosas: seguir adelante, sin miedo, y nunca solos. Tengan cuidado: avanzar, sin miedo, y nunca solos. 

Para ello hay que aprender a distinguir su voz, afirmó, por medio de la oración silenciosa, el diálogo íntimo con Él, conservando en el corazón lo que nos hace bien y nos da paz. Esta luz de Dios, señaló por último,  ilumina el laberinto de pensamientos, emociones y sentimientos en el que a menudo nos movemos.

“El Señor desea iluminar sus inteligencias, sus sentimientos más íntimos, las aspiraciones que tienen en el corazón, las opiniones que maduran dentro de ustedes. Quiere ayudarlos a distinguir lo que es esencial de lo que es superficial, lo que es bueno de lo que es malo para ustedes y para los demás, lo que es justo de lo que genera injusticia y desorden. Nada de lo que nos sucede le es ajeno a Dios, pero con frecuencia somos nosotros los que nos alejamos de Él, no le confiamos las personas y las situaciones, nos cerramos en el miedo y la vergüenza. No, alimentemos en la oración la certeza consoladora de que el Señor vela sobre nosotros, que no duerme, sino que nos cuida siempre”. 

Por último, les recomendó. La aventura de las decisiones no la realizamos solos. Por ello, dijo: busquen siempre, antes que las opiniones de internet, buenos consejeros en la vida, personas sabias y de confianza que puedan orientarlos, ayudarlos. Pienso en los padres y en los maestros, pero también en los ancianos, en los abuelos, y en un buen acompañante espiritual. ¡Cada uno de nosotros necesita ser acompañado en el camino de la vida!

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