El fin de semana del Papa en Asti: con su familia de sangre y de fe

Hasta la región italiana del Piamonte, 600 kilómetros al norte de Roma, se trasladó este fin de semana el Papa Francisco para realizar una doble visita: la primera para encontrar a su familia de sangre y la segunda para celebrar con la comunidad diocesana de Asti.

A partir del sábado 19 de noviembre, el Pontífice estuvo en la ciudad de Asti visitando a sus familiares. A su llegada visitó a su prima Carla Rabezzana, quien hace pocos días cumplió 90 años, cuatro más que el Santo Padre. Ella lo esperó en la puerta de su casa, rodeada de parientes y amigos cercanos que quisieron recibir al Papa, pero después de los saludos, solo los parientes se sentaron para el almuerzo en torno a la mesa preparada con sencillez y calor de familia. No lejos de allí, Francisco también visitó un hogar de adultos mayores, quienes lo acogieron con alegría. Con ellos sostuvo una amena conversación.

Y después fue el turno de visitar a su otra prima, Delia Gai y es que esta tierra es precisamente desde donde emigró el papá de Francisco hacia Argentina. Es también la patria de la Nonna Rosa, es decir, de la abuela del Santo Padre, de quien recibió el testimonio de la fe. Muchas emociones para todos, porque el Papa pocas veces se había dado el tiempo de encontrar a sus parientes.

Al finalizar el día, el Papa Francisco se alojó en las dependencias del obispado de Asti y hasta allí llegó el domingo por la mañana el alcalde del lugar, quien le concedió la ciudadanía honoraria. Después el sucesor de Pedro abordó el papamóvil que lo llevó hasta la catedral, donde más de 20 mil fieles lo aguardaban para celebrar la solemnidad de Cristo Rey.

En su homilía Francisco destacó cómo Jesús es un monarca que da la vida por sus súbditos, y cuyo trono es una cruz. En ella el Señor, con los brazos abiertos, nos acoge a todos, como lo hizo con el malhechor crucificado junto a él en el calvario.

“Quiere abrazarte, levantarte y salvarte tal como eres, con tu historia, tus miserias, tus pecados. Pero Señor, ¿es verdad? ¿Me amas así con mis miserias? Que cada uno en este momento piense en su propia pobreza: Pero, ¿me amas con estas pobrezas espirituales que tengo, con estas limitaciones? Y Él sonríe y ti hace ver que te ama y que ha dado su vida por mí”

Tras la Misa el Papa rezó la oración mariana del Ángelus, elevando sus plegarias una vez más por la paz en Ucrania. También tuvo palabras especiales para las nuevas generaciones, ya que el último domingo del año litúrgico se celebra en todas las diócesis del mundo la Jornada Mundial de los Jóvenes, a quienes les pidió especialmente no ser esclavos de los teléfonos móviles. De hecho, mil trescientos de ellos, llenos de entusiasmo, lo despidieron en el estadio comunal de Asti antes de su regreso al Vaticano.

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