Cuaresma, tiempo de consuelo en medio de las tribulaciones

Con largas e intensas cartas pastorales en las que citan los escritos de los Padres y de los grandes teólogos orientales, los Patriarcas de las Iglesias orientales católicas han iniciado el tiempo del “Gran Ayuno”, proponiendo cómo vivir los cuarenta días previos a la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Aportando “contribuciones útiles para vivir el tiempo de Cuaresma como un tiempo propicio para esperar el encuentro pascual con Jesús” y encontrar “consuelo incluso en medio de las nuevas tribulaciones que atormentan a los pueblos de Oriente Medio”, los Patriarcas de las Iglesias de Oriente han reiterado en sus cartas que “el ayuno, la oración, la penitencia y las obras de caridad son las prácticas que siempre han caracterizado el tiempo de Cuaresma vivido en la fe en Cristo”, informa la agencia Fides.

La centralidad de la oración

El cardenal iraquí Louis Raphael Sako, Patriarca de la Iglesia caldea, ha recordado que para San Juan Crisóstomo (347-407), la oración “hace posible lo imposible y fácil lo difícil. Es imposible que una persona que reza cometa un pecado”. “La oración – ha añadido el Patriarca – no es una búsqueda teológica, sino que se centra en lo que esperamos”, y “es una pena que la práctica de la penitencia esté actualmente en crisis, debido a la ignorancia y a la inconsciencia del pecado”.

Un fondo para ayudar a las víctimas del terremoto de Siria y Turquía

El arrepentimiento y la confesión de nuestros pecados -ha añadido el cardenal iraquí- nos ayudan a superar nuestras debilidades y a purificarnos”. Isaac de Nínive (siglo VII), citado por el Patriarca Sako, recuerda que con la penitencia “la gracia que hemos perdido después del bautismo, con una vida perezosa, se renueva en nosotros por el arrepentimiento mediante el discernimiento de la mente. Y quien se priva del arrepentimiento se priva de la bienaventuranza inminente”. El Patriarca caldeo también ha pedido a los bautizados que recauden las ofrendas resultantes del ayuno en un fondo que se destinará a las víctimas del terremoto de Siria y Turquía, escribe Fides.

Identificarnos con la mirada de Cristo

En su Carta Pastoral para la Cuaresma, el Patriarca sirio católico Ignace Youssif III Younan ha vuelto a proponer el ayuno, la oración, la penitencia y la limosna como prácticas de la conformación con Jesús mismo, que enseña en el Evangelio que “Dios no quiere nuestros sacrificios, sino misericordia”. Con esas palabras, ha señalado el Patriarca Younan, “Jesús nos ha revelado claramente que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, y que los sanos no necesitan médico, sino los enfermos”. Por eso, “el ayuno y la limosna, que la Iglesia propone junto con la oración, especialmente durante el tiempo de la Gran Cuaresma, son una ocasión propicia para identificarnos con la mirada de Cristo”.

Ante el sufrimiento sólo Él puede disipar “las tinieblas del miedo”

El Patriarca ha citado también a un gran santo teólogo de Oriente, San Efrén el Sirio, quien recuerda que «Aquél que ayuna de pan y se guarda del mal, es como un águila veloz que el maligno no puede ahuyentar. Y quien ayuna con pureza, exalta sus pensamientos hacia el Altísimo y desprecia las concupiscencias del mundo, porque sus pensamientos están con Dios». De este modo -ha añadido el Primado de la Iglesia sirio-católica, citando el mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2006-, “mientras el tentador nos lleva a la desesperación o a poner una vana esperanza en el trabajo de nuestras manos, allí Dios nos guarda y nos sostiene”. Y hoy, ante el sufrimiento causado por el terremoto, sólo Él puede disipar “las tinieblas del miedo”.

Ayunar para ayudar

Para recordar la urgencia cristiana de acudir en ayuda de los hermanos y hermanas abrumados por el terremoto, – se lee en Fides –  el Cardenal y Patriarca maronita Béchara Boutros Raï también ha citado a los Padres de las Iglesias orientales en su Carta para la Cuaresma: «No tienes derecho a utilizar tu dinero como una persona que lo disfruta según tu deseo, sino más bien como una persona a la que se le ha encomendado», escribía San Basilio el Grande, mientras que para San Gregorio de Nisa, «lo que fluye de ti no es tuyo, por lo tanto no puedes adueñarte». La regla del ayuno – ha comentado el Patriarca maronita – es que “lo que ahorras ayunando es para ayudar a los necesitados”.

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